Hemos pasado unas semanas haciendo pequeñas actividades invernales aprovechando algo de nieve que ha caído: el Toneo una vez más, Peña Ubiña y su hermana la pequeña. Esta semana Tomás nos ha invitado a Torres y a mí a compartir con él una actividad ya de algo de calibre: la Senda del Notario por la cara Norte del Curavacas.
A las 6 y media salimos de Vidrieros por una pista de tierra que nos deja en una campera cerca del collado entre la Curruquilla y el Hoya Contínua. El tramo final entre esta campera y el collado se hace atravesando un piornal no demasiado denso, que solo se hace pesado al comienzo.
Antes de llegar al collado tenemos que cruzar algun nevero aislado, que cruzamos sin ponernos los crampones. Los que llevamos bota dura sin pasar apuro, Torres que lleva una suela más blanda se ve forzado a rodear alguno. Algunos bloques de roca nos muestran el tipo de conglomerado que nos encontraremos a partir de aquí.
En el collado sopla un viento molesto y nos refugiamos en un pequeño nicho mientras nos ponemos los crampones. Iniciamos el descenso con dirección a los Pozos del Ves, no queremos perder mucha altura, así que giramos en dirección Este en cuanto calculamos que podremos evitar el espolón que baja de la Curruquilla.
Ahora toca faldear la Curruquilla y la Aguja del Pastel hasta llegar al inicio de la vía. Toda esta zona se encontraba perfecta para cramponear, y con unas vistas preciosas del valle de Pineda. En la siguiente foto de Rubén, marco la vía en naranja hasta que cruza a la otra vertiente saliendo a la Llana.
Encontramos formadas las cascadas de la Aguja del Pastel, es una actividad que también tengo ganas de probar algún día. Aprovechamos un parche de hielo en el suelo y Tomás nos da unas breves explicaciones sobre la forma de meter un tornillo de hielo y hacer un puente Avalakov.
Sin perder mas tiempo continuamos nuestro camino. Ya llevamos unas 6 horas de aproximación y las piernas y los pulmones empiezan a notar el esfuerzo. Sin embargo la belleza del entorno por el que nos movemos hace que la cabeza ignore el cansancio con facilidad. A partir de éste momento la tarjeta de memoria de mi cámara dice que no lleva bien el frío y que se retira definitivamente del alpinismo. No hay manera de convencerla de que reconsidere su decisión, y me quedo sin sacar fotos el resto de la ascensión.
A pie de vía sacamos los trastos. Serán 4 largos de cuerda, realmente es necesaria solamente en el primer largo pero queríamos practicar la colocación de seguros, así que la utilizamos hasta la salida a la Llana. Irá Tomás de primero, y yo asegurándole en última posición. Rubén y Torres se meten entremedias progresando con prusiks por la cuerda. Mientras nos encordamos, observamos las evoluciones de una cordada que entra en una vía paralela a la de los Faquires que tiene una pinta espectacular.
El paso clave de la vía está en la parte inicial, donde un gran bloque de roca obstruye la senda y es necesario hacer algún equilibrio para superarlo. Tomás lo protege bien con un fisurero y continúa sin novedad los 60 metros que dan las cuerdas. Mis otros dos compis se atan con los prusiks y hacen lo propio, libres de la tensión de ir en punta. En cuanto me dan el aviso de que han llegado a la reunión, me pongo yo en marcha.
Es una suerte ir el último, porque así he de ir retirando el material y puedo ir quedandome con la forma de colocar los distintos seguros. Durante la ascensión Tomás utiliza seguros variados: estacas, anclas, fisureros y hasta tiene la ocasión de meter un tornillo de hielo en el tercer largo. La dinámica de largos nos permite dar un descanso a las piernas mientras esperamos en las reuniones, cosa que se agradece porque ya llevamos cerca de 9 horas de actividad sin descanso.
Al llegar a la pala final que nos dejará en la cima, la soledad de la cara Norte se convierte en una procesión de gente que ha subido por la vía normal de la Sur. Los inclinados 300 metros finales de la Llana me caen encima como un mazazo, pues ya voy con las fuerzas muy justas. Torres me sigue, y le digo “tira tu delante, yo me lo voy a tomar con calma”. Asiente con la cabeza, pero se queda detrás. Tomás y Rubén alcanzan la cima con un ritmo como si acabaran de salir de casa. Yo saco fuerzas de flaqueza en esos metros finales y al final no llego tan jodido como pensaba, y Torres también lo consigue unos minutos después.
En la cima, el apelativo de “los conquistadores de lo inútil” no parece tener tanto sentido aquí arriba como cuando lo piensas en el valle.
Mientras recuperamos fuerzas y comemos algo, observamos la cordada que en la otra cumbre del Curavacas ha completado la parte comprometida de su vía y les queda poco para alcanzar también su recompensa.
Esa vía paralela a los Faquires se me queda grabada en la lista de asuntos pendientes, espero tener pronto la oportunidad de disfrutarla.
Nos bajamos rápidamente por Callejo Grande, para rematar una dura jornada de 11 horas de actividad con unas buenas cervezas.





Te ha quedado muy bién el relato.
La verdad que vaya jornada más espectacular.
Es de esas actividades que recordarás toda la vida.
Y en una grata compañía, con amigos, con gente que ama la montaña.
Saludos George.