Por fin ha llegado mi “suelta” en clásica. Ya me había dado algun que otro largo de primero en otras ocasiones en alpina, pero siempre bajo la atenta mirada de otros escaladores mas experimentados. Tenía muchas ganas de conocer la sensación de llevar a cabo toda una escalada en terreno alpino por mis propios medios.
Para la ocasión he elegido la Peña del Pincuejo, pared que ya conocía de antes, pero por una vía que no había hecho, el Espolón pioneros. También será el estreno de Conchi fuera de una escuela de escalada, así que espero no haber elegido una vía demasiado difícil.
Como buen espolón, la vía tiene una línea bonita y aérea, con una gran sensación de patio. Los pasos clave se encuentran protegidos por sólidos parabolts y algún clavo. El resto presenta múltiples opciones de autoprotección en todo momento. El material con el que subí: 5 friends, juego de empotradores del 5 al 11, y un par de anillos de cinta que no utilicé.
Cuando llegamos, la cordada que nos precedía salía en esos momentos de la primera reunión, y se les veía bastante lentos, así que decidí esperar un rato para no ir pisándoles los talones. Mientras, me entretuve observando las carreras de las lagartijas entre las rocas, deben estar en celo por esta época estos bichos, pues no paraban de tirarse mordiscos unos a otros. Cuando el primero de la cordada precedente llegaba a la tercera reunión, nos metemos en el primer largo, una sencilla trepadita de III+ que supero sin problemas, metiendo un empotrador y un friend que realmente no me resultaban necesarios, pero por practicar todo lo posible con el material.
Conchi la sube también con agilidad, y desde la reunión contemplo el largo clave para mí de esta vía. Una corta placa de adherencia de V+. El fantasma de la adherencia se apodera de mí antes incluso de salir de la reunión y pienso, “en libre, no me sale ni de coña”.
Y así es, tras esos típicos instantes de palpar toda la roca al alcance de mis manos y comprobar que realmente se llama adherencia por algo, me estiro bien (esto de tener los brazos largos va genial) y acero en el reluciente parabolt que me da la llave para superar la placa.
Esto de ir de primero tiene su miga, acabamos de empezar y gruesos goterones de sudor me chorrean por la cara. Ufff, bueno se acabó la adherencia, lo peor ya está, unos pasitos y ¡REUNIOOOOOOON! Conchi no se arruga un pijo y lo intenta sin rechistar, pero al final también se coge a la chapa.
Conchi llega sonriente y diciendo tonterías a la reunión, así que mal no lo está pasando. Esto refuerza mi confianza y ataco animoso el siguiente largo, que presenta unos pasos de V, V+ en fisura fantásticos. Esto debe ser parecido a escalar en granito, tengo ganas de probarlo algún día. Lo unico es que los gatos me están matando, y al atascar los pies en las huecos de la fisura veo las estrellas.
La fisura continúa en el cuarto y último largo “oficial” de la vía, que concluye con unos pasos finales de IV+ en una reunión bajo la característica “joroba” de la Peña del Pincuejo. Conchi me demuestra que se ha curtido bien en Quirós y llega a la reunión con facilidad.
Decidimos alargar un poco la cosa saliendo desde la joroba hasta la tercera reunión de La Línea Blanca, ya que ese rápel tiene pinta de ser mas cómodo que bajando por el propio espolón. Será un tramito de… yo diría que IV. Creía que con cuerdas de 60 nos daría para llegar abajo en un solo rápel, pero nos faltan unos metrinos, con cuerdas de 70 hubiéramos llegado.
¡Se terminó! Cansados pero satisfechos sacamos la recompensa del río: unas latas de cerveza que puse a enfriar cuando llegamos. Unos bocadillos contemplando las evoluciones de las cordadas que quedan en la pared y damos por concluida la jornada. Y como no, para celebrar la llegada del calor, me traigo una garrapata para Oviedo pegada en la espinilla izquierda. Joder que bichos mas odiosos, y cómo les gusta mi sangre…


