Hace algo más de un año acompañé a el Maquis y Silvia de segundo en esta vía. Entonces me pareció difícil, pero tan guapa que estaba seguro de que la repetiría en cuanto tuviera la solvencia necesaria para hacerla de primero. Los planes iniciales eran tirar hasta el tercer castillín para intentar la de los mierenses, pero en el parking de Tuiza Sete se dió cuenta de que se había olvidado las botas en casa, así que hay que plantearse algo con menos aproximación.
No hace falta pensarlo mucho, durante toda la subida habíamos ido mirando a la desafiante Mesa con el rabillo del ojo. ¿Vamos? ¡Vamos!
